Mi No boda 2. El Vals Nupcial.

Mi No Boda 2. El Vals Nupcial. Performance, 20 min. Con Max. Nasty Woman México. Museo de la memoria y la tolerancia. Julio 2017. Registro Foto: Beatriz Millón. Registro Vídeo: Carles Asensio

A través de esta propuesta artística de Mi (no) boda se pretenden “exorcizar” algunas de las imágenes arraigadas en nuestro imaginario. Entre ellas, la mujer enfundada en su vestido blanco, símbolo de la mujer pura, virgen, libre de mancha, de pecado, y oculta tras el velo, símbolo de discreción, de prudencia, de recato, a la espera de ser “develada” por el esposo; la mujer madre, de aire melancólico y con el niño en su regazo, correlato inevitable de la Virgen. Es necesario, asimismo, explorar la perversión de los vínculos que trae consigo este acontecimiento de la boda. Así, el hombre y la mujer a los que cabe presuponer una relación horizontal, entre iguales, a menudo quedan intrincados en relaciones verticales de padre-hija, madre-hijo, que tienden a recrear los patrones familiares, fantasía amorosa que se alimenta morbosamente de las carencias o conflictos afectivos que emanan del árbol psicogenealógico. Del mismo modo, en nuestra sociedad la boda está estrechamente conectada con el hecho de la maternidad, y es así que estas performances sirven para explorar los extraños vínculos que unen a la madre y el hijo, las formas de maternidad nociva que tienen que ver con el vínculo edípico o incestuoso, esa como fuere, hay una serie de imágenes emblemáticas, así como de paradigmas o arquetipos emocionales, afectivos y relacionales, conectados al hecho social de la boda. El proyecto Mi (no) boda aspira a restacar estas imágenes del imaginario íntimo para sublimarlas mediante un acto performativo que redunde en una catarsis colectiva, en la medida en que, de uno u otro modo, todos participamos de estos arquetipos elementales. Las “(no) bodas” se conformarían en una suerte de ritual artístico susceptible de convertirse en bacanal poético, emocional, mágico y epifánico, abierto a lo inesperado.
dimensión sexual y física –aún hoy sujeta a tabú- de la madre y el niño, que a menudo deviene mecanismo de control y forma de violencia. Sea como fuere, hay una serie de imágenes emblemáticas, así como de paradigmas o arquetipos emocionales, afectivos y relacionales, conectados al hecho social de la boda. El proyecto Mi (no) boda aspira a restacar estas imágenes del imaginario íntimo para sublimarlas mediante un acto performativo que redunde en una catarsis colectiva, en la medida en que, de uno u otro modo, todos participamos de estos arquetipos elementales. Las “(no) bodas” se conformarían en una suerte de ritual artístico susceptible de convertirse en bacanal poético, emocional, mágico y epifánico, abierto a lo inesperado.
Texto: Zahira Viejo.