Espectro Visible Azul 2

Proyecto T. Gallery Weekend.

Ciudad de México, Abril 2018

Performance . 1h 30 min

Registro en Foto: Ludmila Díaz

Registro en Video: Adriana Núñez

Esta obra en transformación es un collage neodadaísta es una acción poética en sí misma para celebrar la vida, seguir amando y vencer al miedo.

Érase una vez como llegué al Azul…

Imagina que un día cualquiera te das cuenta que llevas muchos “blues” acumulados y que se te empiezan a salir por los ojos en forma de mirada melancólica.

Eso es lo que me pasó a mí. Todo lo que veía a mi alrededor era de color Azul, entendí que cuanto más me rodeaba de esta espectro visible de frecuencia y me permitía ser el objeto reflector de este color más contradicciones encontraba y a su vez me hacía transitar por estados emocionales llenos de matices, encontrando ciertas respuestas poéticas y llenas de paz y sentido del humor.

En un estallido de tormentoso Azul, decidí hacer esta obra en proceso por primera vez en 24 y 25 Noviembre de 2017 en mi casa, en mi cama, por dos noches consecutivas decidí abrir mi intimidad, hacer de mi casa un teatro, la experiencia deambulaba entre la realidad y la ficción ante un público aturdido. Aquí doy testimonio de lo sucedido.

Unos meses después coincidiendo con el Gallery Weekend volví a presentar una mañana esta obra en continua transformación, esta partitura es la composición base, ese llamé por teléfono a mi madre que estaba con mi abuela en la otra punta del mundo y algo sucedió, ya que hacía meses que no hablábamos , ese mismo dia estaba mi hermano pequeño en la sala y por unos instantes nos fundimos en un abrazo.

Cuando el público entra al espacio le pedía  que anotara su número de teléfono sin su nombre en un cuaderno y que no apague el teléfono durante el transcurso de la obra ya que Azul te puede llamar en cualquier momento.

Mientras entran y deambulan por el espacio suena esta canción.

Azul de Toña la negra

Cuando yo sentí de cerca tu mirar
de color de cielo, de color de mar
mi paisaje triste se vistió de azul
con ese azul que tienes tú
Era un no me olvides convertido en flor
era un día nublado, era un día sin sol
azul como una ojera de mujer
como un listón azul, azul de amanecer

mi paisaje triste se vistió de azul
con ese azul que tienes tú

Era un no me olvides convertido en flor
era un día nublado, era un día sin sol
azul como una ojera de mujer
como un listón azul, azul de amanecer

Las fotografías de azul, sus muñecas descabezadas y su ropa forran las paredes del espacio.  También hay una cama, un bañera llena de leche, una bolsa con confeti, unos botes con nata montada, una pantalla y un teléfono .           

Escena 1/   13 angelitos guardan mi cama ( 7.22 min)

Azul duerme sobre su cama, siente que su cuerpo se desdoble, se ve desde afuera como en los sueños angustiosos donde quieres despertar pero no es posible por la ansiedad, durante este tiempo se mueve en una extraña coreografía, hacia la derecha con los ojos abiertos a la izquierda con los ojos cerrados, se incorpora a medio cuerpo, mira al frente como en un nuevo amanecer no ve nada, con el dolor tan reconocible de la tristeza, se desploma otra vez sobre la cama, los mismos movimientos se suceden, como en círculo vicioso donde entramos a repetir acciones de nuestra vida, en un loop sin sentido.  Es como una parálisis del sueño, cuando sabes que estas soñando pero no puedes despertar y te ves sobre la cama.

Hay cierta desesperación contenida.  A fin de cuentas hay 13 angelitos guardando su cama. Por fin consigue despertar aunque no recuerda el sueño fue tan bello que no se puede soportar la realidad y dan ganas de llorar… No se levanta del todo siente que lleva un cúmulo de duelos. Hay un luto mental. Lleva un vestido de noche,  su cabello es de color azul, su maquillaje también.

Azul se levanta y de forma improvisada se cambia de ropa y se mete en la bañera de leche helada.

Escena 2 / Mírame (15 min)

En la filosofía nahual, hay una búsqueda mágica a través de las relaciones que se dan entre el sueño y la realidad, de acuerdo a las cosmovisiones mayas en México hay una búsqueda existencial – mágica a través del nahual o animal de poder, que sería la personificación del espíritu de poder en un animal y simultaneamente en el cuerpo del chamán o chamana. Los antiguos chamanes buscaban esta encarnación en vida y cuando trataban de tomar conciencia lo hacían a través de lo que se llama el Intento. Toda esta obra  Azul es un intento por la búsqueda de este animal de poder.

En la atmósfera se escucha este texto un monólogo a varias voces. Creando la sensación de un extraña melodía, como si las diversas voces brotaran de un mismo lugar, y de varios seres. Es la confrontación con los miedos, es un resurgir de la muerte a la pulsión de vida.  Es un intento por volver al cuerpo después de abandonarse  a la melancolía total. Este texto me lo compartió la poeta Zahira Viejo, ella lo escribió años atrás en el exilio en París, en su duelo. Yo sentía que ese momento y a través de esta obra me confrontaba a varios duelos, de desarraigo, de divorcios y sobre todo de mucho desamor propio. Confrontarme con el texto y los voces fantasmagóricas era una extraña catarsis para deambular entre el miedo y la vida. Trayendo del inconsciente al consciente mis propias pérdidas, dejando mi presencia fantasmagórica para agarrarme a la vida.

Azul se mete en la bañera helada llena de leche y se comienza a pintar y acariciar el cuerpo, mientras dice mientras oye:

Deja de disimular ese insomnio, deja de levantar puertas imposibles. No conocerá fortalezas una voz que brota de tus mismas raíces, ecos de tu ser rebotando en una cáscara.

Escucha:

Caminas descalza por un sendero de blanca cal que sabes interminable, hacia la luz que te envuelve hace ya días, los de tu vida. Piensas si no eres tú misma ese vaho blanquecino, pesadamente etéreo, que respiras hasta ahogarte. Como una pasión de otro tiempo que imaginaste inapagable, y viste consumirse, tu vida no es sino esa sucesión de fotografías que se precipitan en una delirante huida hacia ninguna parte o, lo que es lo mismo, hacia los profundos abismos de la noche. Tus manos arden de tan frías con la noche, hasta confundirse con ella, carcelero refugio al que no planeas buscar subterfugios, si acaso dejarte diluir hasta adoptar su misma forma, acoplarte a tu recipiente, hasta quedar ciega y muda, mantendrás el sentido del tacto para descargar sobre el cielo terroso un llanto de lluvia cada vez que la caricia de otro cuerpo te atraviese, recordándote tu cuerpo de otro ensueño. Pasarán varios siglos de siglos, en que habrás alimentado a un puñado de plantas y algunos otros organismos innominados. Y, más tarde, llegado el momento, te desprenderás a través de las fisuras melancólicas de esa noche cerrada, como un pájaro herido de muerte entonando su última canción ante un auditorio llorosamente compasivo.

No hay función.

Déjame que te recuerde, antes de que lo oscuro termine de caer desatando la mentira, quién eres tú. Si te niegas a escuchar, infinidad de mazmorras y cadenas se abrirán paso en un desfile marcial que prefiero no evocar, ahora que todavía estamos a tiempo. Lo que con tanta afectada emoción llamabas “poesía” espera, incontenible, para concretarse en tus calcáreos huesos, en los ojos alucinados de tus ojos. No eres la única sobre la que pesa un destino maravillado de sí mismo, aunque te aseguro que, acaecido el eclipse, no podrás pensar en lunas de otros mundos.

Puedes ser luna y ser tú misma siendo la nada, o puedes soñarte en una fiesta inacabable mientras las cadenas te llenan de morados ese cuerpo que se empecina en proclamarse igual a esos otros cuerpos cuya corteza no dista tanto de la tuya. Triste vanagloria la de esos vestidos que tú misma te zurces en las carnes, la de ese espejo opaco que arrastras contigo cual tu sombra.

No existen ángeles caídos. Solo algunos sueños rotos en verdades como charcos.

Solo este montón de arena que se desliza por entre los dedos como una nada completa.

Así está bien. Es mejor que no te demores pensando esas valijas que acabarías perdiendo en el camino que te conducirá a tu nueva casa.

No llores todavía. Te restan siglos de ser lluvia.

II.

No opondré resistencia.

Ni tan siquiera lloraré, aunque por mis venas circula un caudal inagotable de nutritiva savia, con la cual no permitiré se abastezcan un sinfín de civilizaciones de noches encarnadas, muertes en miniatura. Contendré esta lluvia torrencial, las avalanchas que piden suceder. No sé si por venganza o por piedad. No sé si es mejor que esto termine, no sé…

Como digo, no lloraré, y aseguro que cumpliré mi palabra, que será la única cosa que de aquel cuerpo mío quedará en este mundo mundano que va quedando tras la ráfaga de su aliento, sin más despedida que esta nostalgia con que se piensan sueños exhumados, como lápidas de desesperanza, con que alguien besa ahora una calavera en la que ha reconocido el último posible atisbo de vida, toda su fatalidad.

Ya me voy, ya me he ido. Ya baten en vuelo mis brazos como alas, ya mi cuerpo de animal mitológico se precipita en los abismos de la Historia, ya respiro aquellos acantilados que pronto reconoceré como la patria olvidada: todo lo que creí ser, todo lo que dejo, todo fue exilio.

III.

No opuse resistencia, no lloré, no me demoré en el viaje, mi paso fue firme y regular frente a las súplicas de las flores, el irrefutable piar de un pájaro que hube de amputar al paisaje.

estrellas que pueden despreocuparse de este sino realizado, una cana de luz menos poblará sus cabezas cavilosas. Por fin de regreso en la casa original, distinta para siempre, para siempre el lecho en que esta conciencia por momentos más inconsciente de sí misma habrá de soñarte con los ojos condenadamente abiertos del musgo, de las rocas, de este estanque, de estos lagos, de estos ríos, de estos mares que recorren universos que nadie verá jamás, ni tan siquiera la estela de mi yo que pasará a intengrarlos. (Y no es que me preocupe lo inútil de mi nueva y esencial naturaleza, aun sin la atenuante de la “belleza de lo fútil” en que en otro tiempo –tal vez ayer- creí sinceramente.)

Seré tal vez la patria disidente que en secreto sueña su exilio.

IV.

Miento. No me iré. No sin que me sea concedida una última voluntad. Ya sé que las condolencias no proceden, ya sé que no tratamos de la muerte sino más bien del ser.

Es igual.

Ya sé que negar la Historia conllevaría una pesadilla intolerable, que lo que ha de ser sagrada armonía, un espacio y un tiempo desasidos de las barreras espacio-temporales, de lo contingente, de lo corrupto, de lo que nace condenado, se transformará en cadena y en mazmorra.

Bajo ninguna tortura claudicaré. Estoy dispuesta a soportar las cadenas de la fatalidad tirando de mis miembros uno a uno, sin solución. Seré Sísifo, seré Maldoror, seré toda una mitología de malditos apretando los dientes, pero no claudicaré.

Solo una cosa pido para que el mundo pueda seguir avanzando sin accidentes.

V.

Solo pido respirar tu respiración acompasada, tu fresco aliento inexpirable, más allá de tu muerte segura, hasta tu carcajada en noche de fiesta, cuando tal vez yazcas bajo otro cuerpo hermoso y conozcas nuevos amaneceres. Así debe ser. Sería ridículo exigirte –y vana e inútil la exigencia- que me guardaras un luto eterno, en la eternidad de tu vida, pues entonces no serías ya la perfecta contingencia que idolatro, la imagen del deseo que me condena a ser un destino que se piensa en lugar de un destino simplemente.

Perdona esta melopea absurda cuyos ecos no recibirás jamás, si acaso otros ecos desprendidos de tus propias construcciones, fantasmas de carne y hueso en que, en el mejor de los casos, me habrás conservado. Ecos procedentes de voces procedentes de ramificaciones de este tronco que, literalmente, soy: sin duda más reales que el ululeo de este ingrávido latir.

Perdóname, tú que me diste tanto, tú que me diste a probar las mieles de una eternidad de otra suerte, una eternidad caduca y, por eso mismo, una eternidad consciente de sí misma, una eternidad frente a la cual esta otra que hoy habito, en que hoy me integro hasta ser yo misma la eternidad, poco tiene que hacer. Gravité sobre tu cuerpo y, al hacerlo, ardí en el magma primigenio que es el núcleo de la tierra, sin quemarme. Tú solo me abasteciste, como una madre, con la sola leche de tu sexo y el dulce salitre de tu boca, nunca necesité más cobija que la que me brindaron tus brazos. Y fui libre a tu lado, libre dentro de ti, libre en el reflejo de tus ojos. Libre porque no fui presa del amor, ni del deseo, ni de tu sexo, sino en mí misma amor, deseo, sexo.

En mi misma amor, deseo, sexo, En mi misma amor, deseo, sexo,  En mi misma amor, deseo, sexo,  En mi misma amor, deseo, sexo,  En mi misma amor, deseo, sexo… “

Texto  Zahira Viejo.

Azul se seca y se vuelve cambiar de ropa

Escena 3.  Es mi fiesta y lloro si quiero  (15 min)

Azul sigue buscando su animal de poder, su nahual, un lugar para la liberación más allá de su historia personal. Sale de la bañera, se seca y se arregla para una fiesta. Pone la música que es It´s my party de Leslie Gore distorsionada y repetida hasta la extenuación durante 15 min.

Azul se vuelve niña, se ríe, canta, se arregla y se desarregla a la vez  y dice:

Esto es una fiesta y vamos a intentar pasarlo bien, ¿Si?

Azul comienza a repartir entre el público, su ropa y pelucas azules, después les da serpentinas y confeti, y les dice que cuando estén listos,  nos ponemos a bailar.

Ella está a tope, de verdad quiere disfrutar de la fiesta y pasarlo bien. Hay algo que se lo impide, se pone ridícula, hace muchas tonterías, se pone a bailar, para de bailar,  hace un berrinche, dice: Qué mierda de fiesta!

Ya no hay manera de pasarlo bien, hace playback.

Se desata su parte hedonista, su parte juguetona, casi siempre el público se pone a bailar y a jugar. Ella sale y entre de la habitación, grita, salta, canta, se siente la reina de una fiesta extraña donde realmente no sabe lo que sucederá.

Es su fiesta y llora si quiere ya que a veces le reprimieron al llorar en alguna fiesta porque otros consideraron que ver a alguien llorar es signo de debilidad y puede amargar la fiesta a alguien. Azul sabe que se puede llorar de alegría, de risa de pena y no se avergüenza de ser una persona emocional.

En ese querer pasarlo bien se esfuerza tanto por conseguirlo que acaba arruinándolo.

Decide seguir celebrando y esta vez se embadurna las piernas y los brazos de nata montada, simula que es una gran tarta de cumpleaños lista para ser devorada en cualquier momento, saca unos platitos y como depilándose las piernas se los ofrece al público, un poco de esa tarta cuerpo, la gente se ríe, no entiende pero se deja llevar por la fiesta extraña, algunas personas si juegan y  prueban. En una de estas fiestas de azul, llegó Max un niño de 7 años que se puso más punk que Azul e incluso ella tuvo miedo de que la fiesta se fuera de madres, saltaron en la cama, él quería romper las muñecas descabezadas y ella se dejó llevar este súbito entusiasmo.

Ella se ríe, llora, se acelera, baja el nivel de energía y canta,  se ríe, llora, canta…

Hace un pequeño streaptease como si estuviera en un pequeño infierno que conoce bien. Representando el papel que tantas veces representó, en tantas fiestas, huyendo de alguna parte de si misma, entregándose a la locura y al disfrute del momento, en el fondo de su ser espera que esa fiesta nunca termine, ya que para ella no hay un mañana.

Hay silencios en esta fiesta y otra vez la música comienza a sonar. Parece que esta fiesta nunca terminará, ya no hay razones para celebrar, para lanzarse por el suelo para hacer un numerito, quiere y no puede. Hay una frustración en esta fiesta que prometía ser la mejor y no lo fue. El espacio se transformó esta lleno de desorden de ropa tirada, de muñecas de nata, de confeti… la fiesta termina  y Azul pide un descanso para hacer una llamada, parece que a ella el desorden de una fiesta no le molesta porque es señal de vida .

En Azul 1, ella se vuelve a cambiar de ropa y se tumba en la cama de nuevo junto a su perrita que en otro tiempo se llamó azul. Ella sigue su búsqueda y empieza a escuchar en su interior. La primera vez que empezó a vivir el azul desde un lugar más consciente  fue un invierno en una piscina, una amiga le contó que el color azul era divino porque era de los colores que menos se encontraba en la naturaleza y que por eso el lapislázuli era el color que llevaban los mantos de las vírgenes. Escuchar aquella historia fue el punto de partida de esta búsqueda. Después me di cuenta que aunque el color azul estaba totalmente asociado a lo masculina en nuestra sociedad, a mí, cada vez me parecía un color más espiritual ( se ve en el cielo y el mar) y más femenino, también me di cuenta que la gama de azules a turquesas era el color favorito de mi madre con la que llevaba una compleja relación pasivo- agresiva llena de violencia y dolor en el último año.  A raíz de ese conflicto me sumergí en una nube de decadencia, inseguridad y desamor pero sin embargo cuando contemplaba e irradiaba el azul me hacia sentir en paz.

En Azul 1 simulé una llamada de skype de México a  España, supongo que por la diferencia horaria no lo hice, una llamada de reclamo, una llamada de auxilio, de dolor donde no había nadie al otro lado.  Todo el público pensaba que hablaba con alguien real, y así era aunque realmente fuera una llamada a la nada. A veces verbalizar e imaginar a alguien al que tienes algo importante que decir, es una catarsis sanadora. Fue un momento de mucha intimidad en el que el público no sabía donde posicionarse. Azul se reserva la privacidad de las conversaciones ficticias/reales que se dieron aquellas dos noches, quizá los presentes puedan explicar mejor lo que sucedió.

En Azul 2, estaba entre el público mi hermano pequeño, muy emocionado aquella mañana. En el momento de la llamada, descolgó el teléfono alguien del público, que no conocía,  su nombre era Catalina, ella muy agradable me ayudo con una misión que mi alma guardaba en secreto desde hacia tiempo y quizá no tenía el valor de afrontar. Le dije a Catalina que en aquel momento yo imaginaba que ella era una especie de ángel de la guarda. Ella accedió a representar el papel y ello me dijo que si que contará con ello, que ella estaba allí conmigo.

Entonces Azul le pedió ayuda a Catalina para llamar a su madre que vive al otro lado del Atlántico y con la que no hablaba desde hacía meses, así  se hizo esta llamada por teléfono.

Mi madre descolgó el teléfono sorprendida yo y mi hermano hablamos con nuestra madre y abuela por teléfono y nos dijimos un: te quiero muy sincero y ambos mi hermano y yo nos abrazábamos con fuerza y encontrábamos cierta paz y amor en su corazón que llevaba en un largo y doloroso destierro.

Fue el primer paso para una reconciliación familiar que necesitaba comenzar a ser sanada.

Así los dos hermanos azules  lloraron y se abrazaron en un azul total a miles de kl de su madre. Una madre azul, compleja y misteriosa como nuestra existencia.

Mientras el público se reía y lloraba con nosotros, la llamada que por fin había sido real y la sensación que revoloteaba por el espacio era la de la posibilidad de auto reconciliación con uno mismo. Un posibilidad que se abrió ante nuestros ojos emocionados.

Cuando traspasaba estos azules, que se tornaban de un azul noche cerrada, lleno de dudas de desolación, de abandono,  de rabia, de duelos, de terremotos y colapsos llenos vertederos mentales y sentimentales. Me aferraba como un clavo ardiendo al recuerdo de la que fui, de los que fueron conmigo y ya no estaban. Esta sensación pesaba cada día más y se adueñaba de mí. Al llegar al azul del día esas sombras desaparecían y transmutaban resonando en mi ser así: Fuiste víctima de ti misma, te cavaste una tumba muy profunda de desamor en el fondo del mar y te levantaste porque pudiste ver más allá al comprender que no me estabas dando lo que necesitaba. Un amor muy profundo infinito como un océano. Ahora que sanaste cubierta de  azul, nada en la inmensidad de ti misma. Aquí y ahora

Escena 5. En busca del nahual / El vuelo del águila  (10 min)

En el último intento por alcanzar una espacio de liberación de todas estas emociones que estaban atascadas en mi pecho empiezo a buscar mi animal de poder, que aparece en sueños en forma de ave, multicolor, en forma de ave del paraíso, llena de plumas de colores azulados turquesas hasta llegar al verde.

Este gesto me reveló una conexión con el presente, irradiando un color desde el centro de mi ser, acariciando mi corazón, sentía como podía elevar el vuelo en cualquier momento. Mis brazos se trasformaban en hermosas alas y cada vez que se abrían entregaban verdad y presencia y cada vez que se cerraban recibían amor incondicional. Así comencé a ejercitar este vuelo junto al público que se unía por imitación e intuición a conectar con su propio vuelo traspasando la obra, volviéndonos una bandada de aves dibujando formas en la bóveda celeste.  Mientras volamos juntos los dramas se evaporan y volvemos a reconocernos en el misterio del azul del cielo.

Sigo buscándome en el azul

 

https://vimeo.com/user62285617